En tres años consecutivos —2022, 2023 y 2024— nuestros Informes Sombra han mostrado una tendencia alarmante: la desaparición de niñas, adolescentes y mujeres en Quintana Roo no solo no disminuye, sino que aumenta año con año.
En 2022 documentamos 66 casos, en 2023 la cifra subió a 78 (un incremento del 18%) y en 2024 alcanzamos 106 casos, lo que significa que cada 3 días desaparece una niña, adolescente o mujer en nuestro estado.
Cada número es una vida, una familia buscando y una historia que el Estado debería proteger, pero no lo hace.
La repetición de patrones, la expansión de la violencia a nuevas zonas y la relación con otras formas de violencia extrema —como el feminicidio y la trata— confirman que estamos frente a una emergencia que exige acción inmediata.

¿Cómo obtuvimos estos datos?

Para la elaboración de este informe, registramos, entre el 1 de enero y el 31 de diciembre de 2024, las alertas Amber, Alba y los boletines de búsqueda publicados en las redes sociales oficiales de la Fiscalía General del Estado de Quintana Roo y la Comisión de Búsqueda de Personas Desaparecidas del Estado de Quintana Roo.
Los datos recopilados incluyen el nombre, edad, nacionalidad, fecha y lugar de desaparición de cada persona reportada. Además, en algunos casos, familiares y amistades de las víctimas proporcionaron información adicional.
El seguimiento diario, la recolección y la sistematización de estos datos es un ejercicio que continuaremos realizando.
Es fundamental recordar que estas cifras representan a niñas, adolescentes y mujeres que, hasta la fecha, siguen desaparecidas y no han sido localizadas a través de alertas Alba y/o Amber.
También es importante señalar que no incluimos las Alertas Amber por sustracción, ya que su contexto es distinto: en muchos casos, las madres huyen con sus hijxs para protegerlos de la vio-lencia. Compartir estas alertas podría facilitar su localización y, en ocasiones, ponerlas en riesgo.
Si una madre nos pide apoyo, la acompañamos. Pero si no lo solicita, no difundimos. Nuestra prioridad es la seguridad de las infancias y de quienes las protegen.
Por último, debemos considerar que la denuncia no es una constante en todos los casos, lo que significa que la cifra real de desapariciones es mayor a la que aquí presentamos.
Sempre.

¡Las desaparecidas no se juzgan, se buscan!

«Nadie debería ser juzgada por su apariencia, su ropa, sus tatuajes o su historia de vida. Cuando una persona desaparece, lo único que importa es encontrarla. El estigma y la revictimización solo desvían la atención de lo urgente: que vuelva a casa. Busquemos con empatía, compartir sin prejuicios y con el compromiso de exigir justicia.»

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